jueves, mayo 10, 2012

EQUILIBRIO


Hace un año compré una cámara de fotos.
Estuve dando vueltas un montón de semanas para realizar la transacción. Justificando por qué necesitaba esa cámara y cómo, a través de la tentadora, engreída y demoníaca tarjeta de crédito, lo iba a pagar en cómodas y módicas 24 cuotas.
Hablé con mi marido al respecto. El me dijo que me la merecía. Que me la compre.
(Nunca sé muy bien qué pensar cuando la gente dice : “es más que merecido”. “Me merezco esto” o me “me merezco lo otro”.)
No entiendo bien las leyes de compensaciones kármicas.
Bueno, a la cámara, signifique lo que signifique, yo me la merecía. Y la compré. 
La pagué en 24 cuotas, de las cuales aún me quedan 12.
Podría haber sido un muy buen intercambio comercial pero resulta que la cámara no funcionaba como debía.

Fue ahí que comenzó el calvario del servicio de reparación.
Lo envié. Fueron tan amables que no se me ocurrió pensar que ocho. (Sí, ocho) meses después la cámara seguiría allá. Allá, donde no es acá, claro.

Todos los lunes a la mañana, durante estas 32 semanas (casi , casi, un nuevo embarazo) me dediqué a descargar mi ira con las amables señoritas receptoras de mis llamadas telefónicas. Ellas, inmutables repitiendo, ante mi frustración: “no tenemos novedades, por favor comuníquese la semana próxima”. 

Cada lunes era como estar protagonizando la película "El día de la marmota" (O "Hechizo de amor " ) .
Una eterna repetición. Ni negativa ni positiva. Cero.

Fui a la Secretaría de comercio interior donde me contuvieron y llamaron a una “audiencia conciliatoria”.
Yo estuve, por dos semanas, cual presa, marcando los días en el calendario para llegar a ese día.
Fantaseaba un escenario en el que me llevaban una caja con un combo compensatorio para resarcir tantos meses de espera, hasta imaginé que me daban acciones en la empresa, (Tengo tal olfato comercial que la empresa se declaró en quiebra ni bien compré la máquina) Imaginé un montón de cosas. Pero nunca que no aparecerían.

Mi marido y mi papá me lo habían anticipado y yo me había ofuscado con ellos por eso. No es realmente detestable cuando los hombres piden que les den la razón? Pero de hecho, esta vez la tenían.

Me vino a la mente un recuerdo del año 1984.
Yo tenía cuatro años cuando mis papás me llevaron a ver a Lito Nebia. Me la pasaba cantando “dicen que viajando se fortalece el corazón...”. Yo lo amaba.
A la salida del concierto lo esperamos para saludarlo.
Estaba muy ansiosa: “Mamá, dónde está ? Dónde está Lito Nebia”?!
Un señor salió, me tocó la cabeza , me pellizcó la mejilla y me dijo: “Lito Nebia se fue a hacer pipí”.
Nunca voy a olvidar la cara de mi mamá señalando a ese señor y diciendome con los labios, sin voz, “ese es”.

El me regaló, sin saber, el mejor regalo en ese entonces y el recuerdo para siempre de ese momento.

Años después lo entrevistamos y le conté esa anécdota que por supuesto el no registraba.

Es que así es como sucede la vida.
Está llena de momentos importantes para unos y totalmente olvidables para otros.
Lo que para algunos es un universo, para otros es un alfiler.
Depende del cristal con el que se lo mire.

Creo que de pronto y por un momento, voy entendiendo esto de los equilibrios y las compensaciones kármicas.
Si así fuera, entonces, espero que la pérdida de la cámara me devuelva un montón más de “momentos kodak”. 
Al menos, por 12 cuotas más.

jueves, mayo 03, 2012

Cómic


Hace un tiempo soñé que era una super heroína. Humilde. Pobre. De escasos recursos económicos.
Formaba, junto a otros tres super héroes un grupo de súper amigos. Nuestros poderes estaban dados por los cuatro elementos.
Alquilábamos una casa que se caía a pedazos, pero era nuestro búnker secreto.
Mi poder me lo brindaba una súper alga gigante con forma de lengua azul que debía estar mantenida en agua mineral. Pero a mí me quedaban sólo 10 pesos y no me alcanzaría para mantenerla por mucho tiempo.
Pero ese no era mi único problema: tenía que correr -como todo héroe- y mi traje tenía unas alpargatas de yute que se me salían.
El sueño terminaba bastante tranquilizador. Uno de mis súper amigos me prestaba unas medias para que las alpargatas quedaran trabadas ahí. Y me grantizaban, entre todos, que tendría plata para agua mineral, para mantener mi fálica y erótica alga de los poderes.

Y la verdad es que siempre me gustaron las películas de súper héroes. Superman y la chica maravilla estaban en el puesto número 1.
Supongo que tiene que ver con la idea de que aunque exista “el mal”, siempre hay un ser superior que todo lo puede para hacer justicia Una idea bien bíblica.
Tengo un leve recuerdo también de la mujer biónica, y por qué no, moría con Mc Giver. Que más que un humano parecía un súper poderoso también. El ser que yo identificaba con mi papá. Que todo lo soluciona con sus herramientas. (Si, lo sé. Carne de diván).

En fin, el otro día llevamos a todos nuestros hijos a ver “Los vengadores”. Esta vez me dí cuenta que lo que más me atraía no era la lucha por el bien, sino el gran elenco. A saber: Mark Ruffalo es Hulk. Iron Man es Robert Downey Jr., Thor no sé quién es pero está que raja la tierra y me ha enseñado que a mi pequeña hija le gustan así, “musculosos, rubios, de ojos celestes y achinados”. Capítulo aparte merece el “Capitán América”(o “súperyanki”). En su escena introductoria está él. De espaldas, golpeando una bolsa de arena. No pude evitar mirar su trasero torneado en sus joggins. (Un hombre además, lookeado retro, lo que lo hace absolutamente “irresistible”)
Al finalizar la película estaba lista para guiñarle el ojo a mi marido, hacerle una mirada picarona y una venia de “vamo'al fondo”.
Para mi sorpresa, al relatarle a dos amigas esta imagen, -tratando de convencerlas que debían, urgentemente ir al cine a ver esa película “para varones”- en presencia de sus sendos maridos, estos últimos, los maridos, miraban boquiabiertos mi relato.
Uno de ellos me dijo:
- No sabía que ustedes se fijaban en esas cosas!

Conlcluí 2 cosas: o mejor dicho: reafirmé dos cosas:
La primera es que no tienen ni la menor idea acerca de qué nos pasa por la cabeza. Qué sentimos, qué pensamos, qué miramos.
Y la segunda es que lo que vemos, lo vemos muy distinto.

Y eso explicaría, a su vez, el 90 % de las discusiones en una pareja heterosexual.

Mi marido no entiende jmuy bien por qué me voy a enojar, por qué me enojé y mucho menos por qué me enojaré.
No tiene idea qué ropa regalarme. De hecho, los primeros regalos de indumentaria se parecían mucho, muchísimo a la ropa que podría usar Gatúbela. Ajusssstaaado. Bbbbien ajustado. Lo que dicho sea de paso, me dio una muy gráfica idea de lo que sí le gusta a él pero que insiste en negar:
-Yo??? qué vi a quién?? qué cosa? (El nunca, jamás mira un pantalón ajustado, ni un escote. Aunque yo le diga que miré lo que el estaba mirando...)
-Debe ser que es algo automático -aduce- Se me van los ojos solos.

Y no. No tienen idea, los hombres.
Fantasean que nos gusta...no sé...oler la ropa que acabamos de sacar del lavaropas mientras sonreímos y gozamos?
Si, están convencidos que eso nos mata de amor. Eso e ir al baño todos los días. El tránsito lento nos pone de mal humor. Y pareciera que les encanta que sepamos que saben.
Estoy segura que las publicidades están realizadas por publicistOs. Machos.
Piensan que nos excita que un súper míster musculoso venga facilitarnos las tareas domésticas.
Y no. No nos gusta eso.
Sería bueno que lo sepan de una vez.
Sería bueno, de hecho, que se enteren que nosotras, somos las que salvamos al mundo. Escondidas muchas veces en un alter ego opuesto a lo que somos en verdad.

Creo que mi sueño no estaba alejado de la realidad. No tengo el lomazo ni el sex appeal de la Scarlet Johanson interpretando a la Black Widow, pero hago cosas superpoderosas todos los días.
Como un montón de mujeres que conozco.
Y me encantan los súper héroes que salvan al mundo. Bueno, me gusta verles el cuerpo. Enterense.
Las mujeres miramos. Y miramos lo que ustedes miran también.
Pero la verdad es que a Luisa Lane se la ve siempre insatisfecha. Su Superman está demasiado ocupado salvando el planeta.
A qué mujer puede gustarle ver a su hombre peleando todo el tiempo? Es insoportable. Aunque se sepa que no puede perder.

Mi súper héroe favorito es sin dudas un hombre terrenal. Es aquel que pelea por la verdad y la justicia todos los días trabajando sin super poderes.
Ese que está a mi lado todos los días. Haciendo malabares a la par mío.
Y aunque a veces la criptonita le bloquea el cerebro y le impide conectarse con mis sentimientos, me gusta cuando tiene el súper poder de mirarme y saber qué voy a pensar.
Ese que no se olvida de llevarme a volar de vez en cuando y que me tranquiliza para que no me falten mis 10 pesos para el agua mineral de mi alga del poder.
Ese que me hace sentir que no necesito ser una superpoderosa, sino solamente lo que puedo y quiero ser.

Después de todo, superhéroe no se nace. Se hace.

A menos que seas Superman, obvio.  

viernes, abril 20, 2012

MIS CÁNDIDAS Y YO


Anoche soñé con Meryl Streep y Tom Hanks. Son mis dos actores norteamericanos preferidos.
Estaban en Argentina y yo les hablaba y ellos tenían mucha onda conmigo, nos llevabamos realmente bien. Pero yo me ponía un poco pesada. Los empezaba a acosar. Quería fotos y me los quería devorar.
Y no es casual. Estoy cursando el 5to día de dieta.

Y para mí, comer, es un placer de los dioses. Es más, la gente que dice: “para mí, alimentarme es un trámite, una pérdida de tiempo” me resulta incomprensible

Hace unos años toqué fondo. Estaba muy mal de la panza.
Así empecé con mi campaña de desintoxicación hepática: el primer paso fue informarme: leí bastante material bibliográfico y me comuniqué con un especialista en nutrición orgánica.
Después, compré un libro llamado: “Intestinos. Técnicas caseras para una vida saludable”.
Si se trataba de mis intestinos y era casero, no podía estar mal.
Lo leí de principio a fin. Aprendí como unos bichitos malignos llamados Cándidas, producen una enfermedad llamada “candidiasis crónica”, y como esa enfermedad silenciosa es la causante de AB-SO-LU-TA-MEN-TE todos las enfermedades habida y por haber. Desde la sinusitis hasta el cólon irritable. Todas.
Entré en pánico. Quería que las cándidas salieran de mi cuerpo. Quería que mi flora intestinal esté en equilibrio.
Le conté a mi sicóloga que estaba haciendo esa dieta. Le hablé sobre cómo mi desequilibrio físico influía en mi desequilibrio emocional. Y que me urgía cambiar mis hábitos.
Ella me respondió que la historia de las cándidas le resultaba un tanto delirante. Pero yo no le hice caso. Años de escuchar charlas con mis amigas sicólogas me enseñaron que a ellos, todo, pero todo, les parece delirante. Bueno, casi todo.
Entonces decidí : voy a desoír a mi sicóloga por esta vez y seguir adelante.
(Y omití hablar en sesión el asunto bichitos-que-te-carcomen-el-cuerpo, asumiendo, sí, que era un toque delirante.)

Mi entonces novio, actual marido, decidió apoyarme
      
- Gor...voy a hacer una dieta macrobiótica
- Una qué..?
- Es una dieta para limpiar los intestinos...- me puse gatita- la hacés conmigo...?
-....mis intestinos están limpios..
- Si, doy fe....pero es sólo un tiempito..
- (refunfuña..) y qué hay que hacer?
- No comer carne
- (Aquí juro por mis cándidas que la vena de su cabeza se inflamó más que de costumbre)
- Dejar de comer carne??? yooo??? !! No.
- Pero...amor...
- No.

Aún así, me regaló una licuadora, una procesadora y una juguera. Me fueron muy utiles hasta el día de hoy. Y si lo pienso bien, creo que estaba dispuesto a comprarme un silo de mijo antes que hacer esa dieta conmigo.

Me volví una militante naturista. Prediqué por todos lados que los alimentos lácteos tienen antibióticos y eso consumimos en dosis homeopáticas, lo que es sumamente nocivo para nuestro equilibrio y nuestras defensas. La carne hace que nuestra flora se putrefacte. Inclusive hablé sobre el cambio en las heces. Unas heces “sanas” deben flotar, no deben tener contextura ni muy blanda ni muy dura, y sobre todo, unas heces sanas no deben tener olor.
Toda una revelación.

Entonces, no sólo prediqué: dejé de comer lácteos, harinas, carnes y azúcares.

Me acuerdo que no extrañaba la carne. Pero tenía sueños eróticos con sandwiches de queso en pan apelmazado, crujiente...el queso se estiraba derretido en mis dientes...erótico, muy erótico.

Qué comía entonces? - Se preguntaran. - Comí durante un año. (Si, un año). Semillas y cereales (porotos, porotos blancos, porotos verdes, porotos aduki, - puedo seguir nombrando porotos, tal como “Bubba” nombraba camarones en “Forrest Gump”- garbanzos, quinoa, fibra, mucha fibra soluble...)

Tengo que decir, que mi piel cambió por completo. Nunca más me salió un granito. Estaba increíble.Enérgica y saludable.
Ahí andaba yo. Hacía el “number 2” (si, hombres, las mujeres hacemos cacona) y me levantaba a ver mis hermosas e inodoras heces. Andaba orgullosa de mis intestinos.
Pero mi vida social se veía un tanto cohartada. Ir a un asado y llevar mi tofu me daba depresión.

Pero eso no era lo peor. Los sueños eróticos fueron in crescendo: el striptease del sandwich de queso era un poroto -y los porotos me salían por las orejas- comparado con los que vinieron después.
Y además, yo hasta dejé de salir con un chico porque “no comía de todo”. El comer de todo te convierte en un ser cultural.

Y bueno, pasó lo que tenía que pasar. Como Forrest bien dijo: “...y un día, ya estaba muy cansado de correr y quise volver a casa”
Y me pasó igual. Estaba bien. Estaba suficiente. Necesitaba volver a casa.
No me acuerdo cuál fue la primera comida de todas las que vinieron.
Sí sé que cocinar para mí es un momento único. Es un acto de amor, de entega. Cocinar y compartir.
Y comer algo especial me hace vibrar todos los sentidos.
Por eso me identifiqué tanto con Meryl Strip en “Julie & Julia” cuando comía ese pescado a la manteca y le daban ganas de llorar...es una emoción. Es...sublime.
Creo que pocas personas me entienden. Mi mamá es una de ellas. Y a ella le debo mi amor a la cocina.

Puedo decir que la comida naturista no es para mí. Al menos no ahora.
Y también, decir que si somos lo que comemos, entonces yo soy a veces frugal, a veces chatarra, a veces natural, a veces una vaca y a veces dulce y salada. Pero siempre variada y rica.

Con respecto a las cándidas...
Ahí...bien...que se yo...

viernes, abril 13, 2012

CRECER


Me llevó una semana y media volver a escribir en el blog.
Es que esto de cumplir 32 años parece que me dejó un poco perpleja.

Me atormentaba una situación. Por un momento tuve un flashback hacia mis 15: además de pensar en qué lindo era tener todo el cuerpo y la piel turgente, pensé en lo que entonces me parecía “la gente grande..”.
Sin dudar, la gente grande para mí, en ese entonces , tenía 32.

Es que tenemos fecha de vencimiento?

Siempre estoy atenta a ciertos anuncios. “Viajá a trabajar a Australia, si tenés de 18 a 25”, “Se necesita secretaria -le llaman “administrativa”, así como el “encargado” pasó a ser “gerente” y ahora es el “CEO”, (qué manga de pelotudos!)- para reconocida empresa, de 18 a 19 años. Sin várices.”
“Participá en Gran Hermano, si tenés de 18 a 35” (ay...ahí sí entro. Pero paso).
La sola idea de ya “no pertenecer” me entristece un poco.

Pero hay algo mucho más importante que no pertenecer.

Un buen amigo lo graficó muy bien: “cuando éramos chicos, los encargados de matar los insectos y alimañas en la casa eran los padres”. Me pareció genial. Los sintetizaría así: “CRECER ES SER EL ENCARGADO DE MATAR LOS BICHOS”
Cuando uno se va a vivir solo, se tiene que poder hacer cargo de matar insectos. Diría que es requisito indispensable. Antes que “estabilidad económica”, antes que saber cocinar o cambiar el cuerito, antes que cualquier cosa: para ir a vivir solo, se necesita saber matar bichos.

El otro día, colgaditos, con mi marido, encontramos un bicho en la cocina.
Los niños dormían.
En realidad, si me ajusto estrictamente a los hechos, tendría que decir que yo estaba en el living y sentí un alarido proviniente de la cocina. Pensé que era mi hija. Pero no.
El alarido era de mi marido.
Obviamente él tiene que ser el heredero natural para eliminar los asuntos de esta casa. Pero mi marido mostró debilidad. Me dijo: - Bar, vení. Qué es eso?! Matálo! (estaba descalzo)
Por supuesto que yo estaba muerta del asco ante esa cosa que se retorcía ahí impune en medio de la cocina.
Entonces, le respondí que no, que él es el hombre de la casa y que como tal, era su deber hacerlo.

Aduje que yo, -obviamente, porque fui “sola” muchos años, y una madre soltera otros tantos- podía matarlo, pero que necesitaba ayudarlo a él a sobreponerse ante esta situación, en caso de que “yo no estuviera aquí para hacerlo”. (Puse mirada intensa al hablar)

Fue así que le acerqué como herramienta asesina, un zapatote con plataforma. (Supuse que así estaría de alguna manera más alejado del bicharraco).
Si le hubieran visto la cara a mi marido. Calzando un zapato de mujer y poniendo todo su peso en un solo pie plataformado. Cerraba sus ojos y fruncía del asco, absolutamente todos los músculos de su cara. Hasta pegaba unos saltitos de rodilla para darle más peso aún.

Luego de un ratito ahí, encimita del rufiancito hediondo, se salió. Y ahí estaba, desafiante el/la amigo/a moviendose aún. 

- Vamos al living, me dijo. Ya se va a morir solo.
- Ni en pedo -le dije- al bicho HAY que matarlo. 
- Pero no se muere...
- Vó vé – le dije- . Al sujeto, vivo, no lo podemos dejar. Mirá si va a la pieza del bebé...

Y ahí fue por su segundo intento. El bicho no dejaba de moverse. Le chorreaba algún tipo de líquido que se escurría por el piso, pero de morirse, ni hablar.

- Le voy a cortar la cabeza -dijo el marido.- Alcanzame la pala.
- No vas a poder – le dije- cómo vas a saber cuál es la cabeza?
- Pero qué es este bicho? ( Y juro que se me vuelve a retorcer el cuerpo)
- No sé...(me impacientaba pero me aterraba a la vez) matálo de una vez!

Agarré uno de esos spray de veneno que hay por ahí y le vacié todo lo que contenía. Y nada. Se seguía moviendo.
Entonces, mi marido, el valiente, agarró la pala que ya tenía en sus manos y con el filo intentó cortarle lo que supusimos era la cabeza.

Pero el coso seguía moviendose. Fue, entonces, ante mi gran dirección verbal cambiando de método. Pisarlo un poco, tirarle veneno para polillas y un par de palazos.

De a poco fue cediendo. El bicho, no el marido. Y entonces, lo arrastró hacia la pala, y yo le abrí una bolsita de nylon y ahí dejamos el cadáver.

Pero el que vió alguna vez en su vida una película de terror sabe por demás, que el asesino monstruo y/o psicópata nunca muere en el primer intento. Así pasó. La bolsa empezó a moverse a lo loco. Yo la tiré en el piso y él, desesperado le asestó golpes de pala hasta que el nylon dejó de sacudirse. Entonces, no recuerdo bien, (estaba en shock) creo que nos abrazamos. Él besó mi frente y me dijo: - tranquila, ya pasó.
Yo no le mostré debilidad, acaricié su mejilla y lo felicité.

Nos fuimos al living y terminamos de ver la película que estabamos viendo. 

Al día siguiente tuvimos un diálogo parecido a este:
  
- Lo de anoche...
- Fue muy feo -le interrumpí-
- Era una serpiente?
- Era una lombriz, gordo.
- Estás segura? 
- Si. Pero si querés que hagamos un mito de esto, digamos que fue una víbora.
- No. Mejor nunca hablemos de esto.

                                                                                                    Hasta ahora.

martes, marzo 27, 2012

Porcelana Fría


Si, todos tenemos una miseria escondida en el placard.
Aquí, una de las mías: 


Era la fiesta del día de la familia en la escuela de mi hija. Ahí estábamos las dos. Nuestros ojos brillando de ilusión, con los numeritos del sorteo: 88 y 89 serie azul.

Yo había corrido la noche anterior al Jota & Jota (mítico kiosco abierto 24 hs. tucumano) a comprar un portarretratos de madera con decoupage. Pre-cio-so. Parecía hecho por una habilidosa señora de diminutivos de un canal “para la mujer”. Lo había envuelto con papel de regalo y decorado con un moño color rosita rococó para que mi niña lo llevara al día siguiente. Porque la misión era que “todos lleváramos un regalo para sortear, para que a todos nos toque premio”.
Así que partimos a la escuela con nuestro hermoso aporte a la causa “familiar”. Lo llevamos en la mano, para que no se arrugue y lo pusimos cuidadosamente en el enorme mesón dispuesto a tal fin.
Dicho sea de paso, el mesón distaba mucho de estar repleto. 

En el otro lado del patio de la escuela estaba esa minita que me cae realmente mal. Cuando digo que me cae mal estoy siendo diplomática. Y créanme. A mi la gente en general me cae bien. Pero estita se esforzó. 
Decía que ahí estaba esta señora. Yo sabía que ella no había traído ningún premio para compartir. Obvio. E – lla- nun-ca –lle-va- na-da.

En mi desdichada actitud,  alternando la mirada entre mis –NUESTROS, en realidad, pero esto ya era algo PERSONAL - “88 y 89 serie azul”, la señorita María de los Ángeles que cantaba los números y  la esmirriadita esa parada del lado de enfrente. Mis ojos se movían así: numerito-señorita-esmirriada-numerito-señorita-esmirriada.
Creo que no exageraría al decir que una gotita de sudor me corría por la sien.

Numerito-señorita-esmirriada…..

(Y la re putamadre que lo parió… -pensaba- con lo que necesito en mi casa ese popurrí de lavanda…! Lo tengo que ganarrr, lo tengo que ganarrrrr….!)
Y se fue, así, con el número 83 serie rojo, toda la ilusión de que mi casa se inunde con ese aroma a bosque sureño.

El sorteo transcurrió y los estúpidos padres levantaban la manito emocionados:
(Para qué querés ese bizcochuelo de limón vos???  Yo, en cambio, lo ne-ce-si-to

-“El número sorrrrrteado  eeeees eeeeel…sesenta y cuatttttroooo”

Y ahí saltó el adefesio, toda mojadita de felicidad con su centro de mesa de gardenias de plástico.
Por eso debe ser que me gustan tanto las películas de Alexander Payne. Sus personajes son realmente miserables.
(Me acuerdo ahora del memorable Sr Schmidt, diciendo: “No sé quién es esa vieja deforme y fea que duerme a mi lado. Ni mucho menos sé qué habrá hecho con mi Helen”).
No es que yo me esté diciendo miserable.
Yo creo que miserables son las personas mezquinas. Y ella, que no llevó regalito, es una mezquina.
“Y los mezquinos con la plata, diría mi mamá, son mezquinos con los afectos”.
(Y es una falta de amor importante hacia tu hijo, no llevar el regalito para sortear)
Ahí te ves, esmirriadita. Vos ganaste. No una. Dos veces. (Si, la muy fresquita se ganó también un gatito de porcelana fría)
Bueno, ya sé, ya sé. Casi puedo escuchar vuestros pensamientos:
Es indefendible lo mío.
Pero que se le va a hacer.
La próxima me quedo con mi portarretratos, mi moño y mi rococó y el que esté libre de miserias que tire la primera piedra.








lunes, marzo 19, 2012

Auto ayuda.

Hay cosas para las que cierta gente no está preparada.
Mal comienzo.
Vamos de nuevo
Hay cosas para las que no nací. O no fui enseñada. O no están en mi programación genética.
Una de ellas, es saber (o más bien NO saber) contestar ante agresiones enmascaradas o directas.
Viene una minita, por ejemplo y me dice: “Ay, no te contó tu marido que xxx le dijo que sos gorda?
Una persona preparada, hubiera contestado ALGO.
Yo no. Me quedo quietita. Y si me salgo de mi misma y me desdoblo, puedo ver la cara de pelotuda que pongo. Me toman por sorpresa.
Y ahí empieza el goce de la conchudita que trajo el mensajito. Si no empezó un ratito antes, claro.
Y la minita me deja expuesta.

Primero: que mi marido no me lo contó.
Segundo: que no sé nada de la vida.

Hace unos años, "una amiga de mi prima" se compró un libro llamado “Cómo defenderse de los ataques verbales – un curso práctico para que no se quede sin palabras”.
(Juro que es un libro. Que existe, y sobre todo juro y perjuro, que no me lo compré). 
No es un libro de autoayuda. 
La puta madre. 
Si pudiera auto ayudarme no andaría por las bateas de las librerías escondiéndome como si estuviera buscando pornografía con animales. En fin. La cosa que esta señora, Barbara Berckhan escribe libros sobre mi problemita. Y no sólo escribe libros, sino que da cursos al respecto. Una genia. 

Yo quisiera que me pasara como en la película The Matrix: vieron cuando Neo ataja las balas en ralentis? Quisiera que viniera a mí, así, en cámara ultra lenta un puto pensamiento. Que ese pensamiento le diga a mi estúpido cerebro que le diga a mi boquiabierta -obvio- que le responda algo mordaz, sagaz, ácido e inteligente.
Según Barbara, (no, no hablo en tercera persona, hablo de la otra, la Berckhan) tendría que responder algo como:

1)“Hablando de gorda, subiste de peso, no?” (tajante y arriesgada) ó
2)“Che, hace calor hoy, no?”(Evasiva) ó
3)Para que mierda me venís a contar algo que mi marido te contó a vos, sos medio pelotuda?(directa, directa)

A mi no me sale nada de eso. eh? En cambio, con la boca abierta – repito- por poco y babeo: “eeeehhhh noooo…no me dijo nada…”

Lo que le da pie “al agresor”( así lo llamaremos desde ahora) para seguir. Y seguir. 

Y yo entro en metamorfosis: primero siento que hay algo que no está bien. El siguiente paso es preguntarme qué es lo que no estuvo bien. El tercer paso, bien podrían ser cabezazos contra la pared- pero no. Me castigo. Me digo lo boluda que soy y por qué no dije esto u lo otro.
Después descargo mi ira contra alguien que no puede contestarme. Es la ley del piramidal de poder. (sí, patético). 

Yo que me vi muchas películas, espero como en ellas, que la venganza llegue. (Según qué película y género será la retribución)

Una comedia familiar: “se le cae un tarro de pintura en la cabeza” (uuuu qué locaaaa)
Una comedia romántica: “la malvada queda humillada ante el objeto de deseo” (no tengo la más puta idea cuál vendría a ser en este caso)
Un drama berretín: “la perversa malintencionada queda paralítica y en la calle”.

Pero esto es la vida, amigos. Y eso de vengarse...no se...además de ser energía mal canalizada, nos va a salir mal.  (soy re new age, te deseo "mucha luz" What the fuuuuck?????)

Después de todo, no nacer con el gen de la maldad verbal no está tan mal.
Sólo hay que aprender a evadir a los que sí vinieron así, dejar de untarse miel para que se te peguen.
Y bañarse en vaselina pa que resbale, vieja.