jueves, mayo 10, 2012

EQUILIBRIO


Hace un año compré una cámara de fotos.
Estuve dando vueltas un montón de semanas para realizar la transacción. Justificando por qué necesitaba esa cámara y cómo, a través de la tentadora, engreída y demoníaca tarjeta de crédito, lo iba a pagar en cómodas y módicas 24 cuotas.
Hablé con mi marido al respecto. El me dijo que me la merecía. Que me la compre.
(Nunca sé muy bien qué pensar cuando la gente dice : “es más que merecido”. “Me merezco esto” o me “me merezco lo otro”.)
No entiendo bien las leyes de compensaciones kármicas.
Bueno, a la cámara, signifique lo que signifique, yo me la merecía. Y la compré. 
La pagué en 24 cuotas, de las cuales aún me quedan 12.
Podría haber sido un muy buen intercambio comercial pero resulta que la cámara no funcionaba como debía.

Fue ahí que comenzó el calvario del servicio de reparación.
Lo envié. Fueron tan amables que no se me ocurrió pensar que ocho. (Sí, ocho) meses después la cámara seguiría allá. Allá, donde no es acá, claro.

Todos los lunes a la mañana, durante estas 32 semanas (casi , casi, un nuevo embarazo) me dediqué a descargar mi ira con las amables señoritas receptoras de mis llamadas telefónicas. Ellas, inmutables repitiendo, ante mi frustración: “no tenemos novedades, por favor comuníquese la semana próxima”. 

Cada lunes era como estar protagonizando la película "El día de la marmota" (O "Hechizo de amor " ) .
Una eterna repetición. Ni negativa ni positiva. Cero.

Fui a la Secretaría de comercio interior donde me contuvieron y llamaron a una “audiencia conciliatoria”.
Yo estuve, por dos semanas, cual presa, marcando los días en el calendario para llegar a ese día.
Fantaseaba un escenario en el que me llevaban una caja con un combo compensatorio para resarcir tantos meses de espera, hasta imaginé que me daban acciones en la empresa, (Tengo tal olfato comercial que la empresa se declaró en quiebra ni bien compré la máquina) Imaginé un montón de cosas. Pero nunca que no aparecerían.

Mi marido y mi papá me lo habían anticipado y yo me había ofuscado con ellos por eso. No es realmente detestable cuando los hombres piden que les den la razón? Pero de hecho, esta vez la tenían.

Me vino a la mente un recuerdo del año 1984.
Yo tenía cuatro años cuando mis papás me llevaron a ver a Lito Nebia. Me la pasaba cantando “dicen que viajando se fortalece el corazón...”. Yo lo amaba.
A la salida del concierto lo esperamos para saludarlo.
Estaba muy ansiosa: “Mamá, dónde está ? Dónde está Lito Nebia”?!
Un señor salió, me tocó la cabeza , me pellizcó la mejilla y me dijo: “Lito Nebia se fue a hacer pipí”.
Nunca voy a olvidar la cara de mi mamá señalando a ese señor y diciendome con los labios, sin voz, “ese es”.

El me regaló, sin saber, el mejor regalo en ese entonces y el recuerdo para siempre de ese momento.

Años después lo entrevistamos y le conté esa anécdota que por supuesto el no registraba.

Es que así es como sucede la vida.
Está llena de momentos importantes para unos y totalmente olvidables para otros.
Lo que para algunos es un universo, para otros es un alfiler.
Depende del cristal con el que se lo mire.

Creo que de pronto y por un momento, voy entendiendo esto de los equilibrios y las compensaciones kármicas.
Si así fuera, entonces, espero que la pérdida de la cámara me devuelva un montón más de “momentos kodak”. 
Al menos, por 12 cuotas más.

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