viernes, abril 13, 2012

CRECER


Me llevó una semana y media volver a escribir en el blog.
Es que esto de cumplir 32 años parece que me dejó un poco perpleja.

Me atormentaba una situación. Por un momento tuve un flashback hacia mis 15: además de pensar en qué lindo era tener todo el cuerpo y la piel turgente, pensé en lo que entonces me parecía “la gente grande..”.
Sin dudar, la gente grande para mí, en ese entonces , tenía 32.

Es que tenemos fecha de vencimiento?

Siempre estoy atenta a ciertos anuncios. “Viajá a trabajar a Australia, si tenés de 18 a 25”, “Se necesita secretaria -le llaman “administrativa”, así como el “encargado” pasó a ser “gerente” y ahora es el “CEO”, (qué manga de pelotudos!)- para reconocida empresa, de 18 a 19 años. Sin várices.”
“Participá en Gran Hermano, si tenés de 18 a 35” (ay...ahí sí entro. Pero paso).
La sola idea de ya “no pertenecer” me entristece un poco.

Pero hay algo mucho más importante que no pertenecer.

Un buen amigo lo graficó muy bien: “cuando éramos chicos, los encargados de matar los insectos y alimañas en la casa eran los padres”. Me pareció genial. Los sintetizaría así: “CRECER ES SER EL ENCARGADO DE MATAR LOS BICHOS”
Cuando uno se va a vivir solo, se tiene que poder hacer cargo de matar insectos. Diría que es requisito indispensable. Antes que “estabilidad económica”, antes que saber cocinar o cambiar el cuerito, antes que cualquier cosa: para ir a vivir solo, se necesita saber matar bichos.

El otro día, colgaditos, con mi marido, encontramos un bicho en la cocina.
Los niños dormían.
En realidad, si me ajusto estrictamente a los hechos, tendría que decir que yo estaba en el living y sentí un alarido proviniente de la cocina. Pensé que era mi hija. Pero no.
El alarido era de mi marido.
Obviamente él tiene que ser el heredero natural para eliminar los asuntos de esta casa. Pero mi marido mostró debilidad. Me dijo: - Bar, vení. Qué es eso?! Matálo! (estaba descalzo)
Por supuesto que yo estaba muerta del asco ante esa cosa que se retorcía ahí impune en medio de la cocina.
Entonces, le respondí que no, que él es el hombre de la casa y que como tal, era su deber hacerlo.

Aduje que yo, -obviamente, porque fui “sola” muchos años, y una madre soltera otros tantos- podía matarlo, pero que necesitaba ayudarlo a él a sobreponerse ante esta situación, en caso de que “yo no estuviera aquí para hacerlo”. (Puse mirada intensa al hablar)

Fue así que le acerqué como herramienta asesina, un zapatote con plataforma. (Supuse que así estaría de alguna manera más alejado del bicharraco).
Si le hubieran visto la cara a mi marido. Calzando un zapato de mujer y poniendo todo su peso en un solo pie plataformado. Cerraba sus ojos y fruncía del asco, absolutamente todos los músculos de su cara. Hasta pegaba unos saltitos de rodilla para darle más peso aún.

Luego de un ratito ahí, encimita del rufiancito hediondo, se salió. Y ahí estaba, desafiante el/la amigo/a moviendose aún. 

- Vamos al living, me dijo. Ya se va a morir solo.
- Ni en pedo -le dije- al bicho HAY que matarlo. 
- Pero no se muere...
- Vó vé – le dije- . Al sujeto, vivo, no lo podemos dejar. Mirá si va a la pieza del bebé...

Y ahí fue por su segundo intento. El bicho no dejaba de moverse. Le chorreaba algún tipo de líquido que se escurría por el piso, pero de morirse, ni hablar.

- Le voy a cortar la cabeza -dijo el marido.- Alcanzame la pala.
- No vas a poder – le dije- cómo vas a saber cuál es la cabeza?
- Pero qué es este bicho? ( Y juro que se me vuelve a retorcer el cuerpo)
- No sé...(me impacientaba pero me aterraba a la vez) matálo de una vez!

Agarré uno de esos spray de veneno que hay por ahí y le vacié todo lo que contenía. Y nada. Se seguía moviendo.
Entonces, mi marido, el valiente, agarró la pala que ya tenía en sus manos y con el filo intentó cortarle lo que supusimos era la cabeza.

Pero el coso seguía moviendose. Fue, entonces, ante mi gran dirección verbal cambiando de método. Pisarlo un poco, tirarle veneno para polillas y un par de palazos.

De a poco fue cediendo. El bicho, no el marido. Y entonces, lo arrastró hacia la pala, y yo le abrí una bolsita de nylon y ahí dejamos el cadáver.

Pero el que vió alguna vez en su vida una película de terror sabe por demás, que el asesino monstruo y/o psicópata nunca muere en el primer intento. Así pasó. La bolsa empezó a moverse a lo loco. Yo la tiré en el piso y él, desesperado le asestó golpes de pala hasta que el nylon dejó de sacudirse. Entonces, no recuerdo bien, (estaba en shock) creo que nos abrazamos. Él besó mi frente y me dijo: - tranquila, ya pasó.
Yo no le mostré debilidad, acaricié su mejilla y lo felicité.

Nos fuimos al living y terminamos de ver la película que estabamos viendo. 

Al día siguiente tuvimos un diálogo parecido a este:
  
- Lo de anoche...
- Fue muy feo -le interrumpí-
- Era una serpiente?
- Era una lombriz, gordo.
- Estás segura? 
- Si. Pero si querés que hagamos un mito de esto, digamos que fue una víbora.
- No. Mejor nunca hablemos de esto.

                                                                                                    Hasta ahora.

2 comentarios:

  1. Muy bueno Bar!.
    La mejor parte es la que, según tu definición, yo soy aún una pendeja, porque ni a palos hago ni el 1% de lo que hicieron uds. Asco, asco, asco.
    Decile a Ger, que aunque no le gustan los gatos, es la mejor elección para evitar los bichos/insectos ;)
    Muy valientes, los felicito. Besos (Rulos)

    ResponderEliminar
  2. JAJAJA SOS UNA NIÑA DE PECHO!!!! TE QUIERO.

    ResponderEliminar