martes, marzo 27, 2012

Porcelana Fría


Si, todos tenemos una miseria escondida en el placard.
Aquí, una de las mías: 


Era la fiesta del día de la familia en la escuela de mi hija. Ahí estábamos las dos. Nuestros ojos brillando de ilusión, con los numeritos del sorteo: 88 y 89 serie azul.

Yo había corrido la noche anterior al Jota & Jota (mítico kiosco abierto 24 hs. tucumano) a comprar un portarretratos de madera con decoupage. Pre-cio-so. Parecía hecho por una habilidosa señora de diminutivos de un canal “para la mujer”. Lo había envuelto con papel de regalo y decorado con un moño color rosita rococó para que mi niña lo llevara al día siguiente. Porque la misión era que “todos lleváramos un regalo para sortear, para que a todos nos toque premio”.
Así que partimos a la escuela con nuestro hermoso aporte a la causa “familiar”. Lo llevamos en la mano, para que no se arrugue y lo pusimos cuidadosamente en el enorme mesón dispuesto a tal fin.
Dicho sea de paso, el mesón distaba mucho de estar repleto. 

En el otro lado del patio de la escuela estaba esa minita que me cae realmente mal. Cuando digo que me cae mal estoy siendo diplomática. Y créanme. A mi la gente en general me cae bien. Pero estita se esforzó. 
Decía que ahí estaba esta señora. Yo sabía que ella no había traído ningún premio para compartir. Obvio. E – lla- nun-ca –lle-va- na-da.

En mi desdichada actitud,  alternando la mirada entre mis –NUESTROS, en realidad, pero esto ya era algo PERSONAL - “88 y 89 serie azul”, la señorita María de los Ángeles que cantaba los números y  la esmirriadita esa parada del lado de enfrente. Mis ojos se movían así: numerito-señorita-esmirriada-numerito-señorita-esmirriada.
Creo que no exageraría al decir que una gotita de sudor me corría por la sien.

Numerito-señorita-esmirriada…..

(Y la re putamadre que lo parió… -pensaba- con lo que necesito en mi casa ese popurrí de lavanda…! Lo tengo que ganarrr, lo tengo que ganarrrrr….!)
Y se fue, así, con el número 83 serie rojo, toda la ilusión de que mi casa se inunde con ese aroma a bosque sureño.

El sorteo transcurrió y los estúpidos padres levantaban la manito emocionados:
(Para qué querés ese bizcochuelo de limón vos???  Yo, en cambio, lo ne-ce-si-to

-“El número sorrrrrteado  eeeees eeeeel…sesenta y cuatttttroooo”

Y ahí saltó el adefesio, toda mojadita de felicidad con su centro de mesa de gardenias de plástico.
Por eso debe ser que me gustan tanto las películas de Alexander Payne. Sus personajes son realmente miserables.
(Me acuerdo ahora del memorable Sr Schmidt, diciendo: “No sé quién es esa vieja deforme y fea que duerme a mi lado. Ni mucho menos sé qué habrá hecho con mi Helen”).
No es que yo me esté diciendo miserable.
Yo creo que miserables son las personas mezquinas. Y ella, que no llevó regalito, es una mezquina.
“Y los mezquinos con la plata, diría mi mamá, son mezquinos con los afectos”.
(Y es una falta de amor importante hacia tu hijo, no llevar el regalito para sortear)
Ahí te ves, esmirriadita. Vos ganaste. No una. Dos veces. (Si, la muy fresquita se ganó también un gatito de porcelana fría)
Bueno, ya sé, ya sé. Casi puedo escuchar vuestros pensamientos:
Es indefendible lo mío.
Pero que se le va a hacer.
La próxima me quedo con mi portarretratos, mi moño y mi rococó y el que esté libre de miserias que tire la primera piedra.








5 comentarios:

  1. Un exorcista por ahí!!! jajajaja (parece que ese personaje está dispuesto a meter la cola a cada rato...)

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  2. naaa......meten la cola si les permitimos

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  3. todos tenemos un acto miserabil en el ropero

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  4. A todo esto...cuál es tu lado miserable aquí? sentir bronca? en todo caso la miserable es la "esmirriadita" (anoréxica?)en su mezquindad y desamor, o no?

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  5. jajajaja! en realidad no permitir que el diablo meta la cola sería el equivalente a que no hay que poner el culo!!!!!

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